lunes, 4 de noviembre de 2013

los libros prestados

LOS LIBROS PRESTADOS


Los libros también leen a quienes leen libros.
Los libros ven en nuestros ojos escondidos gritos y gemidos.
Los libros oyen todo lo que tememos y nos decimos.
Los libros aspiran lo que nosotros respiramos.

Nosotros fuimos unidos por los libros.
Anna Karenina fue nuestra Celestina suicida
cuando ella resucitó de los congelados rieles
y nos lanzó en nuestros brazos.

El silencioso retorno de los libros prestados
por quienes se aman los unos a los otros
...........no parece como un mutuo favor,
es como romper páginas en pedacitos:
es una separación irreversible.

Nosotros solamente podíamos devolvernos los libros,
pero no nuestros instantes secretos,
los cuales ocultábamos muy profundamente
para no ser detectados por ojos indignos.

Tomaste mis libros del baúl de tu carro
y lo dejaste abierto esperando de mis manos los libros tuyos,
apretándolos en tus pechos:
Pasternak, García Márquez, y el Diario de Anna Frank.

Mis brazos querían abrazarte mucho
pero ellos estaban cargados de libros,
como si estuviera protegido por Dostoyevsky, Faulkner
y los proverbios rusos.

Yo puse todos tus libros de vuelta en tu baúl
tratando de no mirarte a los ojos
y tú, como alguien arrastrándose en cámara lenta bajo unas ruinas,
comenzaste a devolverme los libros uno por uno.

Yo te rogué durante dos largos años
que encontraras y amaras a alguien,
y cuando ocurrió, yo respiré tranquilo,
pero mis dientes rechinaban con desesperación en las noches.

Yo nunca te pregunté con envidioso desdén el nombre de mi rival:
"¿Quién es?" "¿Qué edad tiene?"
Yo no supe si llorar o reír
cuando tu me respondiste: "18 años".

En ese momento de separación,
tú, como la belleza de una vírgen incorruptible,
me pediste, sin palabras, sólo con una mirada
..........que me acercara y te abrazara otra vez.
Pero yo contesté únicamente bajando la vista.

Tú me miraste como si estuvieras enamorada de nuevo.
Si yo te hubiera mirado a los ojos, todo podría haberse repetido.
¿Qué me lo impidió? ¿Cobardía? ¿Coraje?
¿O algo que aún no tiene nombre?

Las releídas, cansadas páginas de los libros,
ya estaban temblando en tus manos.
Tus aros tintineaban.
Tú estabas aturdida protegiendo tu alma con los libros,
..........apretados a tu corazón.

Evgueni Evtuchenko (1999)