sábado, 14 de abril de 2012

26 años sin Simone de Beauvoir

Simone de Beauvoir (9/1/1908 - 14/4/1986) planteó una cuestión fundamental para el desarrollo de lo que se llamó "feminismo": ¿Qué es ser mujer? Para Simone de Beauvoir, "no se nace mujer, se llega a serlo" y la cuestión es asumir la capacidad de elección del tipo de mujer que se quiere ser. La cultura patriarcal ha construido diversos ideales de mujer.

La cultura patriarcal burguesa en la que vivimos tiene su propio ideal de mujer, que la más reciente cultura patriarcal burguesa democrática e igualitaria ha maquillado ligeramente "concediendo" a la mujer ciertos derechos que hasta ahora estaban reservados a los hombres…

Para Simone de Beauvoir, la mujer tenía que ser capaz de elegir y de transformar ese ideal de mujer que se le impone culturalmente.

miércoles, 11 de abril de 2012

Twittering Machine - Máquina de trinos

Twittering Machine (Die Zwitscher-Maschine)
Paul Klee (1879-1940)

Millones de personas en el mundo trinan y gorjean enredadas en la red*, mediante una nueva maquinaria virtual a la que se conoce como "twitter". Paul Kle lo intuyó hace casi 100 años cuando las vanguardias y los adalides de la modernidad ya intuían la catástrofe…

Esta obra de Paul Klee se encuentra en el Museum of Modern Art, MoMA, de New York. Una publicación de este museo se refiere a ella de esta manera:

El "gorjeo" al que se refiere el título, sin duda, se refiere a las aves, mientras que la "máquina" es sugerida por la manivela. Los dos elementos son, literalmente, una fusión de lo natural con el mundo industrial. Cada ave se encuentra con el pico abierto, preparada como si fuera a anunciar el momento en que el azul brumoso frío de la noche da paso al resplandor rosado de la aurora. La escena evoca una versión abreviada-pastoral, pero los pájaros están encadenados a su percha, que es a su vez conectada a la manivela.

Tras una inspección más cercana, sin embargo, una sensación incómoda de que se avecinauna amenaza comienza a manifestarse. Compuesto por una línea de alambre, nervioso, estas criaturas tienen un gran parecido a las aves sólo en sus picos y plumas y en la forma de sus siluetas, que aparecen más cerca de las deformaciones de la naturaleza. La manivela evoca la idea de que esta "máquina" es una caja de música, donde las aves funcionan como cebo para atraer a las víctimas a la fosa sobre la que se encuentra la máquina. Podemos imaginar la cacofonía infernal hecha por los pájaros chillando, sus patas encogidas delgadas y tensas, que se agarran a la máquina a la que se fusionan.

El arte de Klee, con su extraordinario color y su técnica expresiva, hace comparaciones con la caricatura, el arte de los niños, y la técnica de dibujo automático de los surrealistas. En esta Máquina, gracias a su sensibilidad de contraste, convergen el humor y la monstruosidad con los elementos formales para crear una obra tan intrigante en su composición técnica como lo es en su multiplicidad de significados.



* La red en la que, cual ingenuas avecillas, hemos venido a caer la mayor parte de la población de este mundo extraño al que se suele calificar como desarrollado, civilizado, democrático y occidental, en el sentido que ya le daba a comienzos del siglo XVII, "Sebastian de Cobarrubias Orozco, Capellan de su Magestad, Mastrescuela y Canonigo de la Santa Iglesia de Cuenca, y Consultor del Santo Oficio de la Inquisicion": "Caer en la red. Enredar, asir con redes, por translación revolver unos con otros: enredos engaños: enredado, el ofuscado en muchos negocios."

Esta red, desde la que piamos (to tweet) desesperadamente, y que nos tiene atrapados como si fuéramos moscas, parece como si hubiera sido construida a tal efecto por una todopoderosa araña, a la que el mismo Sebastián de Covarrubias se refería de esta manera:


sábado, 7 de abril de 2012

Feliz cumpleaños, Billie



Strange fruit

Southern trees bear strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black bodies swinging in the southern breeze,
Strange fruit hanging from the poplar trees.

Pastoral scene of the gallant south,
The bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolias,
sweet and fresh,
Then the sudden smell of burning flesh.

Here is fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for the trees to drop,
Here is a strange and bitter crop.


Extraño fruto

Árboles sureños cargan extraños frutos,
Sangre en las hojas, y sangre en la raíz,
Cuerpos negros se balancean a la brisa sureña
Extraños frutos penden de los tuliperos.

Escena pastoral del galante sur,
Los ojos saltones y la boca retorcida,
Perfume de magnolias, dulce y fresco,
Y el repentino olor de carne quemada.

Aquí está el fruto (que alardea coraje) para que arranquen los cuervos,
Para que la lluvia tome, para que el viento chupe,
Para que el sol descomponga, para que los árboles suelten,
Esta es una extraña y amarga cosecha.






Billie Holiday : Fine and Mellow (Sound of Jazz, 1957)

Músicos:
Billie Holiday (vocals), Lester Young (tenor sax), Roy Eldridge (trumpet), Doc Cheatham (trumpet), Vic Dickenson (trombone), Coleman Hawkins (tenor sax), Gerry Mulligan (baritone sax), Mal Waldron (piano), Osie Johnson (drums), Milt Hinton (bass), Ben Webster (tenor sax), Danny Barker (guitar).

Grabación: CBS television broadcast, New York, December 8, 1957

domingo, 1 de abril de 2012

Huérfanos de palabras

La muerte violenta del poeta mexicano Guillermo Fernández nos deja huérfanos de palabras, de sus palabras para nombrar el mundo y para nombrarnos a nosotros mismos y para nombrar la violencia que ayer acabó con su vida y con sus palabras.

Más sobre Guillermo Fernández en Material de lectura

sábado, 31 de marzo de 2012

Antonio Tabucchi in Memoriam: porque la vida no nos basta...

“La literatura, como el arte en general, es la demostración de que la vida no basta” (Fernando Pessoa).

A continuación extraemos de Milenio online un fragmento del discurso que Antonio Tabucchi leyó en la Universidad de Aix-en Provence tras recibir el doctorado honoris causa.

Texto tomado de La Repubblica.
Traducción de María Teresa Meneses


El dueño de la Tabaquería

En su lección inaugural en el Collège de France del 7 de enero de 1977, Roland Barthes afirma: “La literatura trabaja en los intersticios de la ciencia: siempre se le adelanta o se le retrasa, semejante a la piedra de Bolonia que irradia durante toda la noche lo que ha almacenado durante el día y gracias a esta luz indirecta ilumina el día venidero. La ciencia es burda, la vida es sutil, y para corregir esta distancia es que la literatura nos importa”. La vida es sutil, es verdad, pero yo agregaría que también es insuficiente: “La literatura, como el arte en general, es la demostración de que la vida no basta” (Fernando Pessoa).

La literatura ofrece la posibilidad de un plus respecto a lo que la naturaleza nos concede. Y en este plus está incluida la alteridad, el pequeño milagro que nos es concedido en el viaje de nuestra breve existencia: salir de nosotros mismos y devenir “otros”. De la heteronomía de Fernando Pessoa ya se ha posesionado esa cultura middlebrow promovida por ciertos medios que privilegian el escándalo y el sensacionalismo, tratándola con el mismo rasero de un caso clínico, yo diría, de un “efecto especial”. Y divulgando al poeta como un fenómeno de circo callejero, una especie de “desviado”. Naturalmente, la poética de Pessoa, aun en su radical impostación, es intrínseca a la literatura de siempre. Cual comedia humana, en versión moderna y plasmada en poesía, es la misma de Shakespeare, Cervantes, Balzac. Cervantes dijo de sí mismo que él era, a la vez, don Quijote y Sancho Panza. Sabemos que Shakespeare no fue príncipe de ninguna Dinamarca. Flaubert sostenía que Madame Bovary era él, pero nada nos impide imaginarlo como la vieja sirvienta Félicité de Un corazón sencillo. Baudelaire escribió: “Como almas errantes que buscan un cuerpo, él puede entrar, cuantas veces lo desee, en cualquier personaje”.

La literatura no es estable, es nómada. No sólo porque nos hace viajar a través del mundo, sino sobre todo porque nos hace atravesar el espíritu humano. Además es correctiva, porque es la única posibilidad que nos es permitida de modificar los acontecimientos y de corregir la Historia más madrastra. Porque es el territorio de lo posible, de la libertad absoluta. Encerrado en el fuerte de Taureau, en Morlaix, Auguste Blanqui, luego de la derrota de la Comuna, quiso tomar revancha de los acontecimientos que lo devastaron. Partiendo de las teorías acerca del universo de Laplace, y, por lo tanto, con un rigor absolutamente científico, aunque aplicando pura hipótesis, él retoma la idea del infinito del Universo, del Tiempo y del Espacio, inscribiendo su hipótesis en una infinidad de mundos posibles, con una infinidad de historias posibles, cada una, en el fondo, igual a sí misma, pero con variables de las que se obtenían resultados diversos. Así, por ejemplo, en un lugar indeterminado del tiempo y del espacio, anywhere, los mismos comuneros habrían ganado la batalla y afirmado sus ideales, y el propio Blanqui, idéntico a sí mismo pero en una de sus posibles variantes, en lugar de sentir la profunda amargura de la derrota, vería el triunfo de sus ideales. L’eternité par les astres, libro singular y extraordinario de un no-literato, en realidad es gran literatura y, sin duda alguna, uno de los libros más revolucionarios de finales del siglo XIX; sin el cual, agrego, un gran escritor como Jorge Luis Borges acaso jamás hubiese existido.

¿Por qué se escribe? La pregunta, inevitable, retorna siempre, aunque se trate de evitar, semejante a ciertas señoras pías dedicadas a su catequesis y que todos los domingos implacablemente llegan a tocarnos a la puerta. Pero incluso la respuesta más radical como la de Beckett (“porque no soy bueno para otra cosa”), evidentemente es insuficiente e inspirada por una modestia que, junto con el autoescarnio, no resuelve el problema. Conozco a decenas de personas que no son “buenas para otra cosa” y que en vida jamás han escrito una sola línea. Además, todas las respuestas son plausibles sin que ninguna en verdad lo sea. ¿Se escribe porque se tiene miedo de la muerte? Es posible. ¿O, más bien, no se escribe porque se tiene miedo de vivir? También esto es posible. ¿Se escribe porque se siente nostalgia de la infancia? ¿Porque el tiempo ha pasado demasiado aprisa? ¿Porque el tiempo está pasando demasiado aprisa y queremos detenerlo? ¿Se escribe por lamento, porque hubiéramos querido hacer ciertas cosas y no las hemos hecho? ¿Se escribe por remordimiento, porque no hubiéramos querido hacer ciertas cosas y las hemos hecho? ¿Se escribe porque se está aquí pero se quisiera estar allá? ¿Se escribe porque se ha ido allá pero después de todo hubiera sido mejor quedarse aquí? ¿Se escribe porque sería en verdad hermoso poder estar aquí donde hemos llegado y al mismo tiempo también estar allá donde estábamos primero? ¿Se escribe porque “la vida es un hospital en el que cada enfermo quisiera cambiar de cama. Uno preferiría sufrir junto al calentador, y el otro está convencido de que se restablecería junto a la ventana” (Baudelaire)?

¿O no se escribirá también por juego? Pero no por el puro juego, como pretendía la vanguardia de los adelantados en Italia y de otras partes, es decir, la literatura entendida como palabras cruzadas que es tan útil para matar el tiempo. Naturalmente, tiene que ver el juego, pero es un juego que no tiene nada que ver con las guasas con las que sobresalen ciertos jugadores, los prestidigitadores del domingo que saben cómo deleitar al respetable público. Acaso es un juego parecido al de los niños. De una terrible seriedad. Porque cuando un niño juega, pone todo en juego. Coge una piedrita y sentado en el escalón de la casa, mientras se va haciendo de noche, y sosteniendo la piedrita sobre la palma de la mano, dice que esa piedrita es el mundo. Subrayo: no sólo lo piensa, sino lo expresa, porque solamente cuando lo dice, el sortilegio sucederá y la piedrita se transformará en el mundo: es el pacto absoluto. El niño sabe que si esa piedrita se cayese, el mundo se precipitaría, el universo en el que el mundo gira se perturbaría, los astros se volverían locos y avanzaría el caos. Él sabe que hasta que su juego dure, tendrá en sus manos la suerte del mundo. Hasta el momento en que su padre aparece en el umbral de la puerta sonriendo, la cena está en la mesa, hace frío, mañana es día de escuela, y ahora es necesario entrar en la casa. El dueño de la Tabaquería ha sonreído. Sin darme cuenta he llegado al punto culminante de un sublime poema del heterónimo de Fernando Pessoa, Álvaro de Campos. Tabaquería, en el cual hay una analogía con la risible y angustiosa dialéctica baudelariana entre el calentador y la ventana. En lugar del calentador hay una silla en el fondo de la habitación donde cada tanto el poeta va a sentarse para reflexionar, saboreando ciertas intuiciones (sus epifanías) que se le suscitan mirando desde la ventana de su buhardilla hacia la tienda de tabaco al otro lado de la calle, donde la gente entra y sale, y donde está la vida, como en la vida. Pero he aquí que: “Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),/ y la realidad plausible cae de repente encima de mí./ Me incorporo a medias con energía, convencido, humano, y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario”. “El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?)./ Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica./ (El dueño de la tabaquería ha llegado a la puerta.)/ Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto./ Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves!, y el Universo/ se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el dueño de la tabaquería se ha sonreído”.

Pero, ¿quién es el dueño de la Tabaquería? Éste es el problema. ¿Y además, por qué sonríe, acaso lo hace de una manera irónica o con bondadosa suficiencia, casi como señalándole al poeta que resulta vano plantearle preguntas a la vida y al mundo, que es vano pedirle a su Tabaquería que nos revele el misterio de todo?

Si me apuran, en esa sonrisa se esconde algo de leonardesco, como si se tratase de lo inescrutable de las cosas, del límite de la conciencia humana que el genio de Leonardo ha representado en forma de sonrisa sobre los labios de La Gioconda y de San Juan, algo que Ortega y Gasset definió inefable. Te ha sido concedido el privilegio de conocer hasta un cierto punto, no puedes ir más allá, parece decir esa sonrisa. Como el dueño de la Tabaquería, el dueño del circo, saludando al público, sonríe. El espectáculo ha terminado. La literatura se detiene aquí, comienza el misterio de la vida. Y la literatura se pone de nuevo a trabajar.




miércoles, 8 de febrero de 2012

sábado, 3 de diciembre de 2011

poder anotar al margen, dedicar a veces...

Porque, como dice Vicente Molina Foix, en un precioso artículo que acabo de leer en papel del que todavía mancha un poco las manos, algunos todavía nos conformamos con poco. Nos conformamos "con comprar por menos de lo que cuestan un par de copas, bautizar con el nombre propio, anotar al margen, dedicar a veces, alinear en nuestra pequeña o grande biblioteca unas palabras impresas que no se apagan nunca, aunque eso sí, tienen la misma costumbre que sus dueños. Envejecen, y pueden un día dejar de vivir".

Artículo completo de Vicente Molina Foix en El PAÍS de hoy (3/12/2011):
El siglo XXV: Una hipótesis de lectura