sábado, 31 de marzo de 2012

Antonio Tabucchi in Memoriam: porque la vida no nos basta...

“La literatura, como el arte en general, es la demostración de que la vida no basta” (Fernando Pessoa).

A continuación extraemos de Milenio online un fragmento del discurso que Antonio Tabucchi leyó en la Universidad de Aix-en Provence tras recibir el doctorado honoris causa.

Texto tomado de La Repubblica.
Traducción de María Teresa Meneses


El dueño de la Tabaquería

En su lección inaugural en el Collège de France del 7 de enero de 1977, Roland Barthes afirma: “La literatura trabaja en los intersticios de la ciencia: siempre se le adelanta o se le retrasa, semejante a la piedra de Bolonia que irradia durante toda la noche lo que ha almacenado durante el día y gracias a esta luz indirecta ilumina el día venidero. La ciencia es burda, la vida es sutil, y para corregir esta distancia es que la literatura nos importa”. La vida es sutil, es verdad, pero yo agregaría que también es insuficiente: “La literatura, como el arte en general, es la demostración de que la vida no basta” (Fernando Pessoa).

La literatura ofrece la posibilidad de un plus respecto a lo que la naturaleza nos concede. Y en este plus está incluida la alteridad, el pequeño milagro que nos es concedido en el viaje de nuestra breve existencia: salir de nosotros mismos y devenir “otros”. De la heteronomía de Fernando Pessoa ya se ha posesionado esa cultura middlebrow promovida por ciertos medios que privilegian el escándalo y el sensacionalismo, tratándola con el mismo rasero de un caso clínico, yo diría, de un “efecto especial”. Y divulgando al poeta como un fenómeno de circo callejero, una especie de “desviado”. Naturalmente, la poética de Pessoa, aun en su radical impostación, es intrínseca a la literatura de siempre. Cual comedia humana, en versión moderna y plasmada en poesía, es la misma de Shakespeare, Cervantes, Balzac. Cervantes dijo de sí mismo que él era, a la vez, don Quijote y Sancho Panza. Sabemos que Shakespeare no fue príncipe de ninguna Dinamarca. Flaubert sostenía que Madame Bovary era él, pero nada nos impide imaginarlo como la vieja sirvienta Félicité de Un corazón sencillo. Baudelaire escribió: “Como almas errantes que buscan un cuerpo, él puede entrar, cuantas veces lo desee, en cualquier personaje”.

La literatura no es estable, es nómada. No sólo porque nos hace viajar a través del mundo, sino sobre todo porque nos hace atravesar el espíritu humano. Además es correctiva, porque es la única posibilidad que nos es permitida de modificar los acontecimientos y de corregir la Historia más madrastra. Porque es el territorio de lo posible, de la libertad absoluta. Encerrado en el fuerte de Taureau, en Morlaix, Auguste Blanqui, luego de la derrota de la Comuna, quiso tomar revancha de los acontecimientos que lo devastaron. Partiendo de las teorías acerca del universo de Laplace, y, por lo tanto, con un rigor absolutamente científico, aunque aplicando pura hipótesis, él retoma la idea del infinito del Universo, del Tiempo y del Espacio, inscribiendo su hipótesis en una infinidad de mundos posibles, con una infinidad de historias posibles, cada una, en el fondo, igual a sí misma, pero con variables de las que se obtenían resultados diversos. Así, por ejemplo, en un lugar indeterminado del tiempo y del espacio, anywhere, los mismos comuneros habrían ganado la batalla y afirmado sus ideales, y el propio Blanqui, idéntico a sí mismo pero en una de sus posibles variantes, en lugar de sentir la profunda amargura de la derrota, vería el triunfo de sus ideales. L’eternité par les astres, libro singular y extraordinario de un no-literato, en realidad es gran literatura y, sin duda alguna, uno de los libros más revolucionarios de finales del siglo XIX; sin el cual, agrego, un gran escritor como Jorge Luis Borges acaso jamás hubiese existido.

¿Por qué se escribe? La pregunta, inevitable, retorna siempre, aunque se trate de evitar, semejante a ciertas señoras pías dedicadas a su catequesis y que todos los domingos implacablemente llegan a tocarnos a la puerta. Pero incluso la respuesta más radical como la de Beckett (“porque no soy bueno para otra cosa”), evidentemente es insuficiente e inspirada por una modestia que, junto con el autoescarnio, no resuelve el problema. Conozco a decenas de personas que no son “buenas para otra cosa” y que en vida jamás han escrito una sola línea. Además, todas las respuestas son plausibles sin que ninguna en verdad lo sea. ¿Se escribe porque se tiene miedo de la muerte? Es posible. ¿O, más bien, no se escribe porque se tiene miedo de vivir? También esto es posible. ¿Se escribe porque se siente nostalgia de la infancia? ¿Porque el tiempo ha pasado demasiado aprisa? ¿Porque el tiempo está pasando demasiado aprisa y queremos detenerlo? ¿Se escribe por lamento, porque hubiéramos querido hacer ciertas cosas y no las hemos hecho? ¿Se escribe por remordimiento, porque no hubiéramos querido hacer ciertas cosas y las hemos hecho? ¿Se escribe porque se está aquí pero se quisiera estar allá? ¿Se escribe porque se ha ido allá pero después de todo hubiera sido mejor quedarse aquí? ¿Se escribe porque sería en verdad hermoso poder estar aquí donde hemos llegado y al mismo tiempo también estar allá donde estábamos primero? ¿Se escribe porque “la vida es un hospital en el que cada enfermo quisiera cambiar de cama. Uno preferiría sufrir junto al calentador, y el otro está convencido de que se restablecería junto a la ventana” (Baudelaire)?

¿O no se escribirá también por juego? Pero no por el puro juego, como pretendía la vanguardia de los adelantados en Italia y de otras partes, es decir, la literatura entendida como palabras cruzadas que es tan útil para matar el tiempo. Naturalmente, tiene que ver el juego, pero es un juego que no tiene nada que ver con las guasas con las que sobresalen ciertos jugadores, los prestidigitadores del domingo que saben cómo deleitar al respetable público. Acaso es un juego parecido al de los niños. De una terrible seriedad. Porque cuando un niño juega, pone todo en juego. Coge una piedrita y sentado en el escalón de la casa, mientras se va haciendo de noche, y sosteniendo la piedrita sobre la palma de la mano, dice que esa piedrita es el mundo. Subrayo: no sólo lo piensa, sino lo expresa, porque solamente cuando lo dice, el sortilegio sucederá y la piedrita se transformará en el mundo: es el pacto absoluto. El niño sabe que si esa piedrita se cayese, el mundo se precipitaría, el universo en el que el mundo gira se perturbaría, los astros se volverían locos y avanzaría el caos. Él sabe que hasta que su juego dure, tendrá en sus manos la suerte del mundo. Hasta el momento en que su padre aparece en el umbral de la puerta sonriendo, la cena está en la mesa, hace frío, mañana es día de escuela, y ahora es necesario entrar en la casa. El dueño de la Tabaquería ha sonreído. Sin darme cuenta he llegado al punto culminante de un sublime poema del heterónimo de Fernando Pessoa, Álvaro de Campos. Tabaquería, en el cual hay una analogía con la risible y angustiosa dialéctica baudelariana entre el calentador y la ventana. En lugar del calentador hay una silla en el fondo de la habitación donde cada tanto el poeta va a sentarse para reflexionar, saboreando ciertas intuiciones (sus epifanías) que se le suscitan mirando desde la ventana de su buhardilla hacia la tienda de tabaco al otro lado de la calle, donde la gente entra y sale, y donde está la vida, como en la vida. Pero he aquí que: “Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),/ y la realidad plausible cae de repente encima de mí./ Me incorporo a medias con energía, convencido, humano, y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario”. “El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?)./ Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica./ (El dueño de la tabaquería ha llegado a la puerta.)/ Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto./ Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves!, y el Universo/ se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el dueño de la tabaquería se ha sonreído”.

Pero, ¿quién es el dueño de la Tabaquería? Éste es el problema. ¿Y además, por qué sonríe, acaso lo hace de una manera irónica o con bondadosa suficiencia, casi como señalándole al poeta que resulta vano plantearle preguntas a la vida y al mundo, que es vano pedirle a su Tabaquería que nos revele el misterio de todo?

Si me apuran, en esa sonrisa se esconde algo de leonardesco, como si se tratase de lo inescrutable de las cosas, del límite de la conciencia humana que el genio de Leonardo ha representado en forma de sonrisa sobre los labios de La Gioconda y de San Juan, algo que Ortega y Gasset definió inefable. Te ha sido concedido el privilegio de conocer hasta un cierto punto, no puedes ir más allá, parece decir esa sonrisa. Como el dueño de la Tabaquería, el dueño del circo, saludando al público, sonríe. El espectáculo ha terminado. La literatura se detiene aquí, comienza el misterio de la vida. Y la literatura se pone de nuevo a trabajar.




miércoles, 8 de febrero de 2012

sábado, 3 de diciembre de 2011

poder anotar al margen, dedicar a veces...

Porque, como dice Vicente Molina Foix, en un precioso artículo que acabo de leer en papel del que todavía mancha un poco las manos, algunos todavía nos conformamos con poco. Nos conformamos "con comprar por menos de lo que cuestan un par de copas, bautizar con el nombre propio, anotar al margen, dedicar a veces, alinear en nuestra pequeña o grande biblioteca unas palabras impresas que no se apagan nunca, aunque eso sí, tienen la misma costumbre que sus dueños. Envejecen, y pueden un día dejar de vivir".

Artículo completo de Vicente Molina Foix en El PAÍS de hoy (3/12/2011):
El siglo XXV: Una hipótesis de lectura

viernes, 18 de noviembre de 2011

Sobre el libro y su futuro

El pasado día 16 de noviembre en su columna habitual de El País, Elvira Lindo nos ofrecía unas interesantes reflexiones sobre libros y sobre su futuro ante el libro eléctrónico...

Conversación (por Elvira Lindo)

Tanto amor por los libros, dice tener, aunque eso no implique respeto a quien los crea. No me refiero solo respeto hacia quien de manera insensata y disciplinada se empeña en inventar historias, sino a quien las corrige, diseña las portadas, al ilustrador, al editor, y sí, al empresario. Cuánta preocupación por el futuro de los libros quiere mostrar mi interlocutora al preguntarme, poniéndome la mano sobre el brazo como si me anticipara un pésame, por el libro electrónico. Yo le contesto, con cierto desapego, huyendo de consideraciones lapidarias, que estoy segura de que los dos formatos serán compatibles, que hasta que no se demuestre lo contrario la industria editorial española está haciendo frente a la crisis con dignidad, y que solo los que hablan sin saber ignoran que la cultura es uno de los potenciales económicos de un país como el nuestro, tan carente de otras fuentes de riqueza.

La veo decepcionada, como a otros periodistas le gustaría que yo hubiera optado por ese discurso apocalíptico que tanto se celebra en las redes sociales. Pero no. Prefiero decepcionarla. Hasta que no se demuestre lo contrario hay un montón de gente ahí abajo, en el metro, sumergiéndose en libros tremendos de camino al trabajo. ¿Es ese el fin de la literatura? Lo dudo. El asunto del fin de la literatura es un recurso al que de tanto en tanto echan mano los suplementos culturales para llenar espacio. He dicho.

La conversación se centra ahora, por fortuna, en libros concretos y no en conceptos abstractos. Es entonces, cuando esta madame Bovary de nuestros días me habla de las novelas (no diré títulos) que se ha descargado gratis: "tampoco [dice en un tono de cariñoso desprecio] merecían tanto la pena como para comprarlas". Personas como tú, pienso yo, son las que me vuelven catastrofista. Y no se lo digo, pero se lo pienso en su misma cara.

Correr el tupido velo

Pilar Donoso, hija adoptiva del escritor chileno José Donoso, fue hallada muerta en su casa de Santiago de Chile hace unos pocos días.

Hace un par de años publicó su único libro biográfico-autobiográfico "Correr el tupido velo". Al parecer nunca pudo correr del todo el tupido velo sobre un pasado que le atormentaba.

El autor chileno, que pasó sus últimos años en el pueblo de Calaceite en la comarca aragonesa del Matarraña, parece que dejó sin terminar una novela en la que una hija se suicidaba tras leer los diarios de su padre.

domingo, 30 de octubre de 2011

55 años sin el impío Pío


Carta de Pío Baroja a Benito Pérez Galdós (14 de septiembre de 1905) (Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)

Hoy hace 55 años que fallecía en Madrid Pío Baroja. Médico, panadero y escritor: un "escritor de mucha miga" como fue calificado en algún momento en tono jocoso haciendo referencia a su relación con la elaboración de pan.

Cuentan que una tarde de mayo de 1904, en la tertulia del Nuevo Café de Levante a la que asistía la flor y nata de la intelectualidad de la época como Ignacio Zuloaga, Gutiérrez Solana, Santiago Rusiñol, Mateo Inurria o Rafael Penagos, el impío Pío Baroja dijo más o menos lo siguiente:

"En España hay siete clases de españoles, como los siete pecados capitales:
1- Los que no saben
2- Los que no quieren saber
3- Los que odian el saber
4- Los que sufren por no saber
5- Los que aparentan que saben
6- Los que triunfan sin saber
7- Los que viven gracias a que los demás no saben. Estos son los que se llaman a sí mismos políticos y a veces hasta intelectuales."





viernes, 28 de octubre de 2011

Invitación

"Al oír esto, todos estuvieron de acuerdo en celebrar la reunión presente, no para embriagarse, sino simplemente bebiendo al gusto de cada uno."

PLATÓN, El Banquete (176e).


Una reunión en torno a un buen vino que se disfruta y se saborea en compañía, no para embriagarse, sino para disfrutar de los infinitos matices de sus aromas, de sus texturas, de sus sabores... y que suelta un poco las lenguas para que las palabras fluyan sin trabas. Como en el sympósion en el que Fedro, Pausanias, Erixímaco, Aristófanes, Agatón, Sócrates, Alcibiades y Diótima a través de Sócrates hablaron sobre Eros y sobre el Amor, en este nuevo sympósion también podremos dejar nuestras palabras sobre aquellos asuntos a los que nos invite a hablar nuestro amor por lo bello, por lo bueno y por la sabiduría...